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Elon Musk y sus vaticinios sobre la IA

22 ago
9 min de lectura

Hace unas semanas, Elon Musk fue entrevistado por The Economist, para The Insider. La entrevista, de 90' fue realizada en una de las gigantescas fábricas de Tesla en Texas.


Elon Musk Predicciones IA

Imagen: Creada con GPT Image


Y como no, Elon Musk desplegó todas sus dotes de visionario para lanzar predicciones sobre la evolución de la IA y su impacto en las personas.

La IA convertirá el trabajo en algo opcional y el dinero, en irrelevante

Elon Musk es de esas personas que son capaces al mismo tiempo de generar admiración y un fuerte rechazo, pero hay que reconocerle su visión y su atrevimiento con proyectos que muchos otros son/ somos incapaces de ni imaginar- Paypal, OpenAI, Neuralink, SpaceX, Tesla,...


Ahora bien, también es importante tener en cuenta que Elon Musk es de berborrea fácil... especialmente cuando se le pide que se ponga el gorro de "gran gurú de la humanidad" y no necesariamente todo lo que dice se debe tomar a "pies juntillas".


Nos hemos escuchado con detenimiento la entrevista completa y os adjuntamos nuestra visión de las afirmaciones que Elon Musk nos brinda en ella.


El cambio


Creemos que Musk acierta al anticipar la magnitud del cambio, pero probablemente no acierta del todo en los plazos y, sobre todo, al asumir que el progreso tecnológico generará bienestar de forma automática (hay que entender que él es parte interesada del cambio).


Según el empresario, en aproximadamente cinco años la IA podría superar la inteligencia conjunta de todos los seres humanos. En diez años, podríamos haber perdido el control efectivo sobre estos sistemas. La combinación de inteligencia artificial y robótica permitiría producir prácticamente cualquier bien o servicio, el trabajo se convertiría en algo opcional y el dinero podría acabar perdiendo buena parte de su función.


Elon Musk nos dibuja, en definitiva, una sociedad de abundancia tecnológica, en la que las máquinas asumirían gran parte del trabajo físico e intelectual y los ciudadanos accederíamos a una especie de renta universal elevada.


Creemos que el cambio y su dirección están allí y son acertados, pero esto no va a pasar de una forma tan rápida y sobretodo no se pueden simplificar de esta forma, las dificultades económicas, políticas y sociales que implica llegar hasta allí. Claramente es un discurso interesado, basado en la estrategia y evolución que él espera para sus negocios.


Elon Musk: Sus 5 grandes predicciones


Elon Musk, basa su discurso y visión en 5 grandes predicciones:


  1. La inteligencia artificial superará ampliamente las capacidades humanas durante los próximos años.

  2. La humanidad podría perder el control efectivo sobre los sistemas de IA en aproximadamente una década.

  3. La combinación de IA y robots generará una capacidad de producción extraordinaria.

  4. El trabajo será opcional y el dinero perderá progresivamente su relevancia.

  5. China podría acabar liderando la carrera mundial de la inteligencia artificial y la robótica.


Ahora bien, estas 5 predicciones, no son ni mucho menos equivalentes, ni comparables en términos de madurez- El avance acelerado de la IA y el creciente peso industrial de China son tendencias claramente observables. En cambio, la desaparición del trabajo, del dinero o de la escasez responden a hipótesis económicas y políticas mucho más discutibles.


Una IA superior a toda la inteligencia humana


La afirmación que quizás llama más la atención de Musk es que, antes de 2031, la inteligencia artificial podría superar la suma de toda la inteligencia humana.


El problema es que no existe una forma aceptada de medir esa supuesta inteligencia agregada. La inteligencia no es una magnitud homogénea que podamos sumar y comparar fácilmente (esto es algo que remarcamos de forma constante en las formaciones que hacemos, y ni micho menos podemos compararla la humana con la supuestamente artificial)


La inteligencia humana incluye conocimiento, razonamiento, creatividad, percepción, experiencia, intuición, capacidad social, juicio y comprensión del contexto y medir esto en las máquinas no es para nada trivial y aún midiéndolo, deberíamos acordar una escala de valoración.


Lo que si es una clara evidencia es que los sistemas de IA están ampliando rápidamente el número, la duración y la complejidad de las tareas que pueden ejecutar, pero eso no significa necesariamente mayor inteligencia (según el METR- as tareas de software que los modelos pueden resolver de manera autónoma se ha ido duplicando aproximadamente cada siete meses).


Es perfectamente posible que antes de 2031 tengamos sistemas muy superiores a la mayoría de las personas en programación, análisis, diagnóstico, investigación, diseño o planificación.


Pero superar a una persona en múltiples tareas no equivale necesariamente a sustituir una profesión completa. Esto es algo que trabajamos en las formaciones con el método de los 3 cubos:


  • qué puede hacer por ti de forma autónoma la IA.

  • qué puedes hacer de forma más óptima usando IA.

  • qué solo puedes hacer tú.


Y si bien es cierto, la tendencia (en una sociedad que premia la producción y optimización) al cubo 1, hay un gran territorio para explorar en todas las profesiones en los cubos 2 y 3.


La IA puede obtener resultados extraordinarios en pruebas controladas y, al mismo tiempo, no generar todavía una mejora equivalente dentro de una organización real.


La pérdida del control de la IA


Musk plantea que, en una década, los seres humanos podrían dejar de controlar la inteligencia artificial.

La frase remite inmediatamente a una superinteligencia autónoma ("MATRIX"), capaz de tomar el poder.


Pero probablemente existe un riesgo más próximo, menos cinematográfico y mucho más plausible: perder el control práctico sin que ninguna máquina necesite rebelarse.


  • Las empresas automatizan decisiones que ya nadie sabe revisar.

  • Los profesionales delegan tanto en la IA que dejan de desarrollar criterio propio.

  • Las administraciones utilizan algoritmos opacos para asignar derechos, recursos o servicios.

  • La información generada por IA alimenta otros sistemas de IA y multiplica los errores.

  • La velocidad de las decisiones automatizadas supera nuestra capacidad de supervisión.


Nos volcamos solo en poner foco en buscar soluciones que corresponde al cubo 1 (y esto en muchas organizaciones ya ha pasado y también muchas han tenido que retroceder este camino iniciado).


Así que sí que puede existir una pérdida de control pero no tiene por qué producirse mediante una confrontación entre humanos y máquinas. Puede llegar mediante una cesión gradual de conocimiento, autonomía y capacidad de decisión.


El trabajo desaparecerá


Elon Musk nos dice que la IA y los robots harán que trabajar sea opcional.


La automatización puede reducir drásticamente la intervención humana en muchas actividades. También es muy razonable pensar que equipos mucho más pequeños podrán alcanzar niveles de producción que actualmente requieren decenas o centenares de personas.


Pero existe una distancia grande entre poder automatizar una tarea y conseguir que esa automatización sea rentable, fiable, legal, asegurable, aceptada socialmente y escalable.


La Organización Internacional del Trabajo estima que uno de cada cuatro empleos presenta algún grado de exposición a la IA generativa, pero considera más probable la transformación del trabajo que su desaparición completa.


La cuestión relevante no es, si mañana dejaremos de trabajar. Es cómo se transformarán las profesiones, qué tareas perderán valor, cuáles surgirán y cómo se repartirán los beneficios de productividad.


El impacto de producir más


Este es, probablemente, desde nuestra visión, el punto más débil de la visión de Musk.


El empresario asume que una enorme capacidad de producción conducirá a una sociedad de abundancia. Sin embargo, la tecnología puede generar riqueza sin garantizar que esa riqueza se distribuya.


Podríamos producir mucho más y, al mismo tiempo, vivir en una sociedad más desigual si los modelos de IA, los robots, los chips, los datos, la energía y las infraestructuras pertenecen a un número reducido de compañías.


La inteligencia artificial no elimina automáticamente la escasez de:


  • Vivienda y suelo.

  • Energía y materias primas.

  • Atención y tiempo.

  • Seguridad y privacidad.

  • Bienes exclusivos.

  • Recursos naturales.

  • Influencia y poder.


Mientras existan bienes escasos, seguirá siendo necesario algún mecanismo para asignarlos. Puede ser el dinero u otro sistema, pero difícilmente desaparecerá la competencia por acceder a ellos.


Una renta universal (que algunos políticos plantean, e incluso se ha probado a pequeña escala en Finlandia) elevada tampoco sería una consecuencia automática de la innovación. Exigiría decisiones políticas, sistemas fiscales, mecanismos de redistribución y nuevos acuerdos sobre la propiedad del capital tecnológico.


El Fondo Monetario Internacional estima que cerca del 40 % del empleo mundial está expuesto a la IA, pero señala que el resultado dependerá de las políticas públicas, de la formación de los trabajadores y de cómo se distribuyan las ganancias de productividad.


Antes de alcanzar una hipotética sociedad de abundancia, (bastante utópico) podríamos atravesar un periodo largo de transición caracterizado por la desaparición de empleos de entrada, la polarización salarial, la concentración empresarial, la presión sobre los sistemas fiscales y una creciente conflictividad social.


La tecnología puede generar abundancia productiva. Ahora bien, convertirla en prosperidad compartida será una decisión política y social.


El poder de China


Es quizás una de las reflexiones más consistente de la entrevista, pero también hay que decir que sobre ella ya existen muchas señales sólidas y perceptibles incluso por los menos versados en el tema.


La carrera de la IA no dependerá únicamente de quién consiga desarrollar el modelo más avanzado. Depende también en gran manera de la capacidad para fabricar chips, generar energía, producir robots, construir centros de datos e integrar la inteligencia artificial en la industria.


China lleva una ventaja extraordinaria en la conexión entre fabricación, inteligencia artificial y robótica. Según la International Federation of Robotics, concentra el 54 % de las nuevas instalaciones mundiales de robots industriales y ya dispone de más de dos millones de unidades funcionando en sus fábricas.


Estados Unidos puede mantener el liderazgo en modelos de frontera (interfaz digital), pero China tiene toda las papeletas para ser más eficaz trasladando la IA al mundo físico y desplegándola a gran escala.


Además, la energía se está convirtiendo en una variable estratégica. La Agencia Internacional de la Energía calcula que el consumo eléctrico mundial de los centros de datos prácticamente se duplicará entre 2025 y 2030 y ahí China vuelve a llevar delantera a todo el mundo en su capacidad de generarla.


Así, la próxima fase de la inteligencia artificial no se decidirá únicamente mediante algoritmos. También se decidirá en las fábricas, las redes eléctricas, las cadenas de suministro y la capacidad industrial de cada país.


En conclusión


Hay que tener muy en cuenta que Elon Musk es un visionario con intereses y por lo tanto sus predicciones están "teñidas" de los mismos.


Su visión y predicciones coinciden casi a la perfección con los ámbitos donde operan sus compañías:


  • Inteligencia artificial: xAI.

  • Robótica: Tesla y Optimus.

  • Energía y almacenamiento: Tesla Energy.

  • Conectividad: Starlink.

  • Infraestructura espacial: SpaceX.

  • Movilidad autónoma: Tesla.


Elon Musk nos construye un relato donde sus empresas ocupan una posición central como proveedoras de la infraestructura necesaria para hacerlo realidad.


Esto no invalida todo lo que dice, pero si es necesario tamizar muy bien su discurso, para separar la visión evolutiva de los intereses empresariales.


Además en todo su discurso afloran 3 sesgos recurrentes que deben ser considerados y evaluados:


  • Determinismo tecnológico: Si una tecnología puede desarrollarse, tiende a asumir que terminará desplegándose de forma masiva.

  • Compresión temporal: Convierte posibilidades de largo plazo en predicciones situadas a cinco o diez años.

  • Infravaloración institucional: Considera la regulación, la redistribución y la transformación social como cuestiones secundarias, cuando podrían resultar más difíciles de resolver que la propia tecnología.


Así, desde nuestro punto de vista no parece razonable construir un plan estratégico suponiendo que el trabajo o el dinero desaparecerán durante la próxima década.


Ahora bien, sí conviene actuar asumiendo que, entre 2026 y 2031, se producirán transformaciones profundas:


  • La automatización pasará de tareas aisladas a procesos completos.

  • Equipos más pequeños alcanzarán una capacidad operativa mucho mayor.

  • Los contenidos y análisis genéricos perderán valor.

  • Muchas posiciones júnior desaparecerán o cambiarán radicalmente.

  • Los datos propios se convertirán en un activo estratégico.

  • Aumentará la dependencia de proveedores de modelos, chips, plataformas y energía.

  • Crecerá la presión sobre los precios de los servicios profesionales y digitales.

  • La confianza, la marca y la capacidad de ejecución serán factores todavía más diferenciales.


La tecnología irá calando entre nosotros- a una velocidad elevada, y la clave para profesionales y marcas será como la integran y sobretodo como la hacen convivir con el factor humano y lo potencian.


Esto no va únicamente en incorporar nuevas herramientas. Las empresas necesitan revisar qué procesos pueden automatizar, qué conocimiento deben proteger, qué decisiones requieren supervisión humana y qué propuesta de valor podrán defender cuando la inteligencia operativa resulte mucho más barata.


Hay que entender que estamos entrando en un escenario en el que determinadas capacidades intelectuales y operativas serán mucho más accesibles. Actividades que hoy requieren equipos especializados podrán realizarse en menos tiempo, con menos recursos y a un coste mucho menor.


Pero la inteligencia artificial no eliminará automáticamente la responsabilidad, la confianza, el criterio, las relaciones, la creatividad con propósito ni la capacidad de convertir una idea en una realidad sostenible. Las personas seguirán y deben seguir jugando un rol fundamental.


Elon Musk probablemente acierta en: la magnitud del cambio puede ser mucho mayor de lo que actualmente imaginamos.


Pero que ese cambio genere una sociedad más próspera, más equilibrada y más humana no dependerá únicamente de la tecnología. Dependerá de las decisiones que tomemos sobre cómo diseñarla, utilizarla, gobernarla y distribuir el valor que sea capaz de crear.




 
 
 

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