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AI SUMMIT BARCELONA… THE BIG FAIL

hace 28 minutos
7 min de lectura
AI Summit Barcelona Fail

AI Summit Barcelona 2026 Fail


Hace unos días escribí mis primeras reflexiones sobre el AI Summit Barcelona.


En aquel momento decidí centrarme más en el contenido de las sesiones que en el continente —es decir, en la organización—, aunque esta, sinceramente, no estuvo a la altura.


Tampoco quise hacer demasiada leña del árbol caído. Éramos muchos los asistentes que nos sentíamos engañados y estábamos esperando una respuesta oficial antes de pronunciarnos.

Ahora ya la tenemos.


Y, después de leerla, creo que toca decir las cosas claras.


AI SUMMIT- UN EVENTO QUE PROMETÍA MUCHO


Cuando se anunció, meses antes del verano, el AI Summit Barcelona transmitía muy buenas sensaciones: inteligencia artificial, Barcelona, ponentes de primer nivel y una amplia agenda de sesiones durante dos días.


En definitiva, un evento que prometía mucho por un precio relativamente razonable: 285 euros.


Yo preparé mi agenda utilizando la propia aplicación del evento:

  • Primer día: 13 sesiones.

  • Segundo día: 8 sesiones.

  • Además, varias reuniones con potenciales proveedores.


Un plan completo de formación, networking y trabajo para dos jornadas.


Pero la realidad quedó muy lejos de la promesa.


DEL MINUTO CERO AL CAOS


El primer gran obstáculo fue la cola para acceder a la zona de acreditaciones. Más de una hora esperando, pese a que todos disponíamos ya de una acreditación digital.


No acabo de entender por qué era imprescindible repetir ese proceso. En otros eventos con decenas de miles de asistentes, como el Mobile World Congress, la acreditación y el acceso se gestionan con mucha más agilidad.


Después llegaron más colas: entre 30 y 40 minutos adicionales.


Aquí habría ayudado bastante que quien diseñó los flujos de personas hubiese previsto que colocar las colas transversalmente al paso principal podía acabar creando un caos monumental.


Así que, después de aproximadamente una hora y media, conseguí entrar en el recinto. Evidentemente, salvo que uno hubiese llegado con una previsión casi profética, la agenda preparada ya había saltado por los aires.


Pero bueno, ya estábamos dentro…


¡A correr hacia la primera sesión!


SALAS QUE NO ESTABAN A LA ALTURA


La primera ponencia se celebraba en el Panel Stage: una sala muy alargada, con poca profundidad y un escenario diminuto situado en el centro.


A menos que fueras uno de los afortunados colocados justo enfrente, la visibilidad era mínima.


La acústica tampoco ayudaba. El sonido era deficiente y cada vez que se abrían las puertas entraba un intenso ruido procedente del exterior.


Menos mal que mi asistente de IA fue capaz de filtrar parte de ese ruido y prepararme un resumen. De lo contrario, seguir la sesión habría resultado prácticamente imposible.


En definitiva, un espacio poco adecuado y peor configurado para la capacidad que se pretendía gestionar.


LA PLAZA DE LAS COLAS


Al salir, la mayoría de los asistentes ya se encontraba dentro del recinto del World Trade Center. Y ahí comenzaron los problemas realmente serios.


Mi siguiente sesión, que empezaba justo después de la anterior, se celebraba en el Main Stage.

La cola superaba la hora de espera. A pleno sol.


Después de pasar un rato aprovechando para ponerme moreno —modo ironía activado— decidí dar la sesión por perdida.


Viendo el panorama, pensé que lo más inteligente sería dirigirme directamente a la siguiente ponencia, que se celebraba en el auditorio. Faltaban todavía 40 minutos.


Pero ni con esas.


La cola parecía una serpiente gigante recorriendo la plaza del World Trade Center. Era evidente que no iba a conseguir entrar antes de que empezase la sesión.


Decidí resistir.


Después de aproximadamente una hora y media de espera, finalmente accedí al auditorio (a la sesión que tenía 2 sesiones después de la que inicie la cola). Casi tuve que rogar al personal de control, porque aseguraban que ya no cabía nadie más.


Conseguí ver la sesión, eso sí, de pie.


Al terminar llegó una decisión absurda: salir de nuevo a la jungla de la plaza e intentar entrar en otra sala o permanecer en el auditorio para ver la siguiente ponencia, aunque no formase parte de mi agenda.

Elegí quedarme.


No era una sesión que tuviese en el radar, pero preferí ver algo antes que volver a pasar otra hora tostándome al sol.


Y esa es precisamente una de las sensaciones más frustrantes de toda la experiencia: no poder elegir las sesiones por su interés, sino en función de la sala en la que habías conseguido entrar.


2 HORAS Y 55 MINUTOS, TRES SESIONES Y FIN DE LA EXPERIENCIA


Cuando finalizó esa sesión, volví a salir a la plaza.


Las colas seguían exactamente igual.


Decidí entonces que mi tiempo valía más y que la experiencia había terminado. Me volví a la oficina.


Según los propios datos de la organización, permanecí 2 horas y 55 minutos en el recinto y asistí a tres sesiones. En realidad, pude aprovechar aproximadamente 20 minutos de una, más dos intervenciones de unos 15 minutos.


Dos de las sesiones me interesaban. A la tercera asistí porque era la que podía ver sin volver a empezar la gymkhana de las colas.


El segundo día, después de la experiencia de la jornada anterior, decidí no regresar al recinto. Intenté seguir el evento por internet, pero la producción y la calidad del streaming también eran pésimas.


Después de dos sesiones, ahora sí, di por finalizada mi experiencia en el AI Summit Barcelona.


Una auténtica pena, porque el evento prometía mucho.


NO FUI EL ÚNICO


Inmediatamente comenzaron a aparecer grupos de WhatsApp para organizar reclamaciones, propuestas para acudir al Departament de Consum de la Generalitat y multitud de publicaciones en LinkedIn y X relatando experiencias similares.


Por tanto, no estamos hablando de una percepción aislada o de alguien que tuvo mala suerte al escoger una determinada sesión.


También se produjeron situaciones bastante feas.


En los grupos de afectados se detectaron intentos de entrada de personas supuestamente relacionadas con la organización, lo que llevó a crear un grupo paralelo. Al mismo tiempo, las redes sociales comenzaron a llenarse de publicaciones extremadamente positivas sobre el evento mientras muchos asistentes describían una realidad radicalmente distinta.


No puedo saber quién estaba detrás de cada publicación ni cuáles eran sus motivaciones. Pero, cuando existe una crisis de confianza, intentar maquillar la conversación en lugar de escucharla solo consigue empeorarla.


Mal. Muy mal.


LA RESPUESTA A MI RECLAMACIÓN


Después de pedirme que justificara mi queja y explicara las sesiones a las que había asistido, recibí finalmente la respuesta de la organización.


En el correo reconocen que el evento no cumplió mis expectativas, admiten que fallaron en varias áreas —empezando por las largas colas— y aseguran asumir toda la responsabilidad por ello.

Hasta aquí, bien.


Pero, acto seguido, me indican que sus registros muestran que permanecí en el recinto durante 2 horas y 55 minutos y que asistí a tres sesiones.


A partir de ahí, y “de acuerdo con su política posterior al evento”, me ofrecen dos opciones:

  1. La devolución del 30 % del precio de la entrada: 85,50 euros.

  2. Un pase gratuito para el AI Summit Barcelona de 2027, en lugar del reembolso.


Y chim pum.


¿UN 30 % ES UNA COMPENSACIÓN RAZONABLE?


Vamos a ver…


El evento ofrecía aproximadamente 18 horas y media de programación repartidas entre dos días.

¿Considera la organización que permanecer 2 horas y 55 minutos en el recinto y conseguir entrar únicamente en tres sesiones significa que disfruté satisfactoriamente de una parte sustancial del evento?


Porque ofrecer una devolución de solo el 30 % parece indicar que sí.

Pues no.


No disfruté del 70 % del servicio contratado.

No pude seguir la agenda que había preparado, no pude acceder a la mayoría de las sesiones que me interesaban y una parte importante del tiempo que permanecí allí la pasé haciendo cola.


Además, no solo perdí esas 2 horas y 55 minutos. También invertí tiempo en seleccionar las sesiones, organizar reuniones, preparar las dos jornadas y desplazarme hasta el recinto.


Y mi caso es de los más sencillos. Otros asistentes tuvieron que pagar vuelos, hoteles y desplazamientos desde fuera de Barcelona.


Si nos ponemos estrictamente matemáticos, 2 horas y 55 minutos representan alrededor del 15,8 % de las 18 horas y media del evento. Siguiendo únicamente ese criterio, la devolución debería aproximarse al 84 %, no quedarse en el 30 %.


Y eso suponiendo que las 2 horas y 55 minutos se hubiesen dedicado a disfrutar del evento, cosa que evidentemente no ocurrió.


Buena parte de ese tiempo se perdió intentando entrar en las salas.


¿UNA ENTRADA PARA 2027? ¿EN SERIO?


La segunda opción me parece directamente un chiste.


¿Qué parte de “estoy profundamente disgustado y decepcionado con vuestra organización” no se ha entendido?


¿Por qué iba a querer repetir la experiencia el próximo año?


Antes de invitarme a volver, quizás sería necesario explicar qué ocurrió, por qué la capacidad de las salas y los accesos fue insuficiente, qué medidas se adoptarán para evitar que se repita y cómo se piensa compensar de manera justa a quienes pagamos por un servicio que no pudimos disfrutar.


En estos momentos mi respuesta es clara: no tengo ningún interés en regresar en 2027.


Y, si alguien me pregunta, tampoco puedo recomendar el evento.


RECONOCER EL ERROR NO ES SUFICIENTE


Resulta difícil entender que una organización que admite expresamente sus fallos y asegura asumir “toda la responsabilidad” limite después esa responsabilidad a devolver 85,50 euros o a invitarte a repetir la experiencia.


Asumir la responsabilidad no consiste únicamente en pedir disculpas.


Consiste en reparar el perjuicio causado.


La política de reembolsos podrá amparar formalmente la respuesta. Nadie suele leer esas condiciones porque compra una entrada esperando no tener que utilizarlas.


Pero una cosa es lo que una política permita y otra muy distinta lo que resulta razonable cuando la propia organización reconoce que no estuvo a la altura.


Lo correcto sería devolver íntegramente el importe de la entrada o, como mínimo, ofrecer una compensación verdaderamente proporcional al servicio que cada asistente pudo disfrutar.


EL DAÑO VA MÁS ALLÁ DE ESTE EVENTO


Organizaciones así terminan dañando la imagen de Barcelona como ciudad capaz de acoger eventos profesionales de calidad.


También debilitan las ganas de dedicar tiempo a encuentros presenciales.


Porque, después de una experiencia así, uno acaba pensando:


Me conecto online, leo un buen resumen y me ahorro las colas, el caos y la sensación de haber perdido el día.

Y es una pena.


El AI Summit Barcelona tenía buenos ponentes, un contenido potencialmente interesante y todos los ingredientes para convertirse en un evento de referencia.


Pero el contenido importa muy poco cuando la organización no permite acceder a él.


AI Summit Barcelona: lo hicisteis muy mal durante el evento y lo estáis intentando solucionar de una forma que tampoco está a la altura.


Todavía estáis a tiempo de rectificar.

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