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La IA no premiará a quien más la use

hace 10 horas
5 min de lectura
La IA en la empresa

Imagen generada con Artlist bajo licencia


La tecnología se está democratizando, pero sus beneficios no. Las empresas mejor posicionadas no son necesariamente las que acumulan más pilotos de inteligencia artificial, sino las que combinan activos difíciles de copiar, datos que mejoran con el uso y una organización capaz de rediseñarse a la velocidad de la IA.


La IA no premiará a quien más la use, sino a quien esté mejor preparado para capturar su valor

Durante los últimos años, la conversación empresarial sobre inteligencia artificial se ha centrado en la adopción: cuántos casos de uso se han lanzado, cuántos empleados utilizan copilotos o cuánto tiempo puede ahorrarse automatizando tareas.


Pero esa mirada empieza a quedarse corta.

La pregunta decisiva ya no es quién utiliza IA, sino quién consigue quedarse con el valor que genera. Y la respuesta no depende solo de la calidad de los modelos o del presupuesto tecnológico. Depende, sobre todo, de la estructura del mercado, de los activos que cada compañía controla y de su capacidad para transformar el negocio.


Esta es la tesis central del artículo de BCGWho Will Win as AI Rewrites Competitive Advantage?”.


La IA no distribuirá sus beneficios de manera uniforme. Ampliará algunos márgenes, comprimirá otros y desplazará valor entre empresas, clientes, empleados y proveedores de infraestructura.

Una inversión histórica no garantiza un retorno generalizado


La magnitud del cambio es difícil de exagerar. BCG estima que la inversión de capital de los grandes proveedores de nube podría alcanzar los 750.000 millones de dólares en 2026. Sin embargo, los primeros grandes beneficiarios se concentran en la base física de la IA: diseñadores de chips, fabricantes de memorias y equipos, proveedores de energía, redes eléctricas y propietarios de ubicaciones con acceso a potencia disponible.


Para el resto de las empresas, incorporar IA crea una nueva ecuación. La capacidad de cómputo pasa a ser un coste estructural: una parte del valor de cada proceso o transacción habilitada por IA sale del sector y fluye hacia los proveedores de infraestructura y modelos.


Por eso, una mejora de productividad no se traduce automáticamente en mayor rentabilidad. En mercados muy competidos, el ahorro puede acabar en manos del cliente mediante precios más bajos. En sectores concentrados o regulados, una proporción mayor puede permanecer en la empresa y beneficiar a sus accionistas.


5 claves de los que son capaces de capturar el valor de la IA

Gráfico 1. Los cinco factores que determinan quién captura el valor creado por la IA. Fuente: BCG Analysis


BCG propone cinco factores para anticipar cómo se repartirá ese “dividendo de la IA”:


1. Sustituibilidad de las tareas. Cuanto más fácil sea automatizar una actividad, mayor será la presión sobre el empleo y los proveedores externos, y mayor el potencial de trasladar valor a accionistas o consumidores.

2. Concentración del mercado. Las empresas de sectores concentrados suelen conservar más valor; en mercados fragmentados, la competencia tiende a trasladarlo al cliente.

3. Defensibilidad de los datos. Los datos propios que se renuevan continuamente pueden reforzar al incumbente. Una base de datos histórica y estática resulta mucho más fácil de replicar o sustituir.

4. Intensidad de cómputo. Cuanto más costoso sea ejecutar la IA, mayor será la porción del beneficio que absorberá la capa tecnológica.

5. Fricción regulatoria. La regulación, las licencias y las exigencias de privacidad pueden ralentizar la redistribución del valor, aunque raramente la detienen por completo.


Las empresas mejor preparadas poseen ventajas que la IA amplifica


Cuando los mismos modelos fundacionales están disponibles para casi todos, el acceso a la tecnología deja de ser una ventaja sostenible. BCG considera probable que muchas capacidades técnicas converjan hacia la paridad en un plazo de dos o tres años. El verdadero foso competitivo se desplaza entonces hacia lo que existe debajo del modelo.


Las compañías mejor posicionadas comparten una o varias de estas fortalezas:


- Datos de flujo: información propietaria que se genera de forma continua, alimenta los modelos y mejora el producto con cada interacción.

- Relaciones profundas y confianza: especialmente relevantes en actividades reguladas, sensibles o de alto riesgo, donde la validación y la responsabilidad importan tanto como la precisión.

- Integración a nivel de sistema: la IA no aparece como una herramienta aislada, sino incorporada en procesos completos y difíciles de separar.

- Escala de red: más usuarios o transacciones producen mejores datos y mejores resultados, lo que atrae todavía más actividad.

- Activos físicos escasos: infraestructura, equipos, ubicaciones o redes cuya reproducción exige tiempo y mucho capita


Mapa de la competitividad IA

Gráfico 2. Profundidad y durabilidad de distintas fuentes de ventaja competitiva ante la IA. Fuente: BCG Analysis


El tamaño intermedio puede convertirse en una trampa


El análisis deja una advertencia incómoda para muchas empresas consolidadas. Las grandes plataformas pueden apoyarse en escala, capital, datos y redes difíciles de reproducir. Las compañías nativas de IA, por su parte, nacen sin procesos heredados, estructuras sobredimensionadas ni tecnología antigua.


En medio quedan organizaciones suficientemente grandes para soportar costes de legado, pero no tanto como para disfrutar de un efecto de red o de un círculo virtuoso de datos. Para ellas, añadir un asistente de IA a los procesos actuales puede mejorar la eficiencia, pero no corrige la desventaja estructural.


De hecho, algunas fortalezas tradicionales pierden capacidad defensiva:


- Una gran plantilla deja de ser sinónimo de capacidad.

- El conocimiento experto puede convertirse en una funcionalidad replicable.

- Los datos históricos pierden valor si no se actualizan ni producen aprendizaje continuo.

- La excelencia operativa basada en procesos estándar puede quedar al alcance de cualquiera que acceda a las mismas herramientas.

- La protección regulatoria sigue siendo útil, pero puede estrecharse a medida que cambian las normas y maduran las soluciones.


La compañía puede conservar clientes e ingresos y, aun así, estar debilitándose. Es el riesgo del vaciamiento económico: el volumen permanece, mientras el margen, la capacidad de fijar precios y la parte más rentable de la relación migran hacia otro actor.


El nuevo competidor no siempre quiere tu cuota de mercado


Las amenazas más peligrosas pueden no aparecer en el mapa competitivo tradicional. Una empresa nativa de IA no necesita reemplazar todo el negocio de un incumbente. Le basta con separar y capturar la capa de mayor margen.


Este patrón obliga a cambiar la métrica. Ya no basta con vigilar la cuota de mercado: hay que identificar quién está capturando el margen en cada tramo de la cadena de valor.


Entonces, ¿qué significa estar preparado para la IA?


Estar preparado no consiste en disponer de una licencia corporativa de un copiloto ni en acumular pruebas de concepto. Una empresa está preparada cuando puede responder afirmativamente a cinco preguntas:


1. ¿Sabemos qué parte de nuestra ventaja se refuerza y cuál se erosiona con la IA?

2. ¿Tenemos datos propios que se renuevan con la actividad y mejoran nuestros productos o decisiones?

3. ¿Estamos rediseñando procesos completos o simplemente añadiendo IA a la forma antigua de trabajar?

4. ¿Conocemos la capa de mayor margen que un competidor nativo de IA intentaría separar de nuestro negocio?

5. ¿Nuestra organización puede llevar una idea a producción con rapidez, gobernarla y aprender de su uso?


Las empresas que respondan “no” a varias de ellas aún pueden comprar tecnología, pero difícilmente estarán construyendo una ventaja.

La IA no premiará a quien más la use


La conclusión más importante es organizativa. La brecha entre ganadores y perdedores no vendrá únicamente de los modelos que utilicen, sino de la arquitectura del negocio, el talento, los incentivos y la velocidad de ejecución.


Los líderes tendrán que auditar sus ventajas competitivas, proteger las capas de margen amenazadas, probar sus apuestas frente a distintos escenarios de coste y regulación, y rediseñar los flujos de trabajo desde cero. Eso exige una mentalidad más cercana a la de un fundador que a la de un administrador del negocio existente.


La IA será accesible para casi todos. Eso provocará, que finalmente ganarán las empresas capaces de convertir activos difíciles de copiar en sistemas que aprendan, mejoren y se vuelvan más fuertes con cada uso. Las demás corren el riesgo de descubrir demasiado tarde que estaban digitalizando un modelo de negocio cuyo valor ya se había desplazado a otra parte.

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